Sunday, July 12, 2009

LA MEDIANOCHE

La oscuridad del camino no me impide reconocer a mi paso cada detalle como algo familiar. Durante el recorrido de 8 cuadras de regreso al hogar, recorro el campus que para esta hora encierra un silencio sepulcral, solo oigo mi respiración y el retumbar de mis pasos, mi vista reconoce cada imperfección del asfalto, cada ladrillo, cada piedra, cada gato callejero que me sale al paso. Casi son las 12, y me espera una noche larga en mi pequeño departamento de la calle Schuster.


Al llegar al hogar, lo primero es tomar las sobras de comida de la tarde, la cual no probé por estar ausente, como cada día. Están frias, pero acepto lo que sea para mitigar el hambre. Arroz con frijoles o cualquier guisado con totopos. Cuando se ha comido poco en el día, el camino se siente largo y tortuoso, y no lo es tanto si por lo menos se pudo cenar alguna sopa instantanea, que calienta el estomago, pero no deja de ser un repugnante batido tipo melcocha.


No obstante haber dormido poco la noche anterior y haciendo recuento, haber dormido poco durante todo el semestre, en ésta noche no se vislumbra alguna mejoría. Falta terminar alguna tarea, leer páginas de libro, resolver ecuaciones, escribir documentos. Faenas extenuantes que invariablemente me quitan el suenio. Siempre hay algo por hacer a la medianoche.


Hoy regresé antes de las 12 a la casa, pero hay veces en que es necesario estar hasta las dos o tres de la maniana en el campus. Me hago la ilusión de que lograré dormir un poco mas que ayer, pero se que no será así. Después de terminar mis tareas nocturnas, me espera una pelea con la noche, una ardua lucha por conciliar el sueño. Lo he intentado todo: suplementos de melatonina, somníferos, música relajante. Al final, vuelvo a caer en lo mismo. Despues de revolcarme por varias horas, de repente abro los ojos a las tres o cuatro y me doy cuenta que no he logrado dormir por mas de una hora, y me quedo con la mirada fija al techo, oyendo cada movimiento del minutero. Finalmente sin darme cuenta logro pegar los ojos, pero casi siempre es demasiado tarde, pues esto sucede ya casi para amanecer.


A la maniana hay que levantarse temprano. Lo hago rápidamente. No pienso en motivos, solo lo hago. Al recorrer mis primeros pasos del día, emito algún sonido lastimero que me hace recordar esa vieja lesión del tobillo que nunca llegó a sanar. Desayuno cualquier cosa y me preparo un sándwich de jamón y queso que me ayudará a estar alerta en el día. Hay que apresurarse a llegar a la primera clase. Me esperan exámenes, quizzes, presentaciones, prácticas, laboratorios, y una miríada de conocimientos.


Después de clases trabajo seis o siete horas, a veces pierdo la cuenta. El trabajo no es tan duro, pero el simple hecho de estar en la oficina me provoca una sensacion de encierro. Pronto darán las 11 con 30, y me tendré que enfilar de regreso al hogar. Atravesaré de nuevo el campus, con su silencio sepulcral. Los mismos gatos callejeros me saldrán al paso, mi vista reconocerá cada imperfección del asfalto, cada ladrillo, cada piedra...Al llegar a las escaleras casi darán las 12, y me esperará una noche larga en mi pequeño departamento de la calle Schuster.



El Paso, TX

A Abril de 2007


Thursday, January 29, 2009

MEDIA SONRISA

Media Sonrisa


“Primer amor de mi vida…distancia,

que no pasó del intento.

Primer poema del alma…distancia,

Que se ha quedado en silencio.”

Cortez


Para JVK.


Estaba tan ensimismado pedaleando en la bicicleta estacionaria que no me percaté cuando ella se acercó a mí. Escuché súbitamente su voz y, debo confesarlo, su aparición tan repentina me sobresaltó un poco. Su persona me pareció irreconocible, pero esto no debió sorprenderme ya que en años recientes había pensado lo mismo cada una de las veces en que por casualidad la encontraba por ahí. Esta vez, al tenerla tan cerca, se reforzó en mi la idea de que se había convertido en otra persona, en alguien diferente. Era como si la hubiese dejado de ver por muchos años y ahora ni aún siquiera teniéndola a centímetros de distancia la pudiera reconocer. Pero la verdad es otra. La seguí viendo, aunque fuera esporádicamente, en el campus, en los antros, en la calle, de forma siempre imprevista.


Hey, hola –, me dijo, ostentando esa media sonrisa que solía aparecer cuando estaba un tanto nerviosa. Sin embargo no atiné a decir palabra. Lo que es mas, ni siquiera me moví, solo mis piernas seguían pedaleando de forma autómata. Mis ojos permanecieron fijos en ella y pude notar su sorpresa por mi inmutación. Luego se acercó para darme un beso a manera de saludo. Yo cual si estuviera hecho de madera o de cualquier materia inerte, permanecí estático por unos momentos que me parecieron muy largos. Al fin pude recuperarme y romper mi estado de estatua humana para acercarme a recibir el beso.


Hecho esto la observé fijamente de nuevo y la creí otra, diferente a la que conocí. Tan segura en su andar, en sus palabras… y tan delgada. Paradójicamente, al mirar sus ojos de frente creí reconocer su mirada de antaño, infantil e inocente, y creí también reconocer a la de antes, a la de mirada ávida, de hablar nervioso y de media sonrisa. Tal vez en el fondo siga siendo esa niña un tanto insegura de mis recuerdos.


La de ayer fue una plática trivial, nerviosa y breve:


— ¿A que hora vienes?—

— Casi siempre a esta hora —, respondí.

— Ah, entonces tal vez venga mas seguido a esta hora —.


Hoy fui al gimnasio a la misma hora. Entré y ahí estaba, sobre los tapetes azules. Titubeante me acerqué a ella, “Hey, hola”, le dije. Recibí como respuesta su media sonrisa.


A martes, 13 de Septiembre, 2005.

Friday, May 23, 2008

LA ZURDA


En un intento desesperado por aniquilarnos, y quedando un minuto de juego en el cronómetro, el equipo rival lanzó un globito a mi área de penal buscando que alguna cabeza lo rematara a gol. El marcador era desfavorable para nuestra causa, con un 7 a 8 a favor del FC Troyanos en la liga dominical de Indoor Soccer, ASTROS de Cd. Juárez. Cuando vi el balón acercarse, salí de mi área chica con toda la potencia de mis piernas, y de un salto me apoderé de él, quedando a centímetros de la línea de cal. Rápidamente salí de manos con mi zaguero central, el cual en un contragolpe voló hasta el campo contrario y desahogó con el winger. Este tomó el esférico y de un ágil recorte dribló al último defensa, quedando frente a frente al portero en los linderos del área grande, con un arco a merced para anotar el tan ansiado gol del empate. El portero rival no salió a achicar, y era inevitable la caída del arco Troyano. A la vez que el winger hacia el movimiento para rematar, el defensa se rehizo y de forma desleal, lo barrió por detrás cayendo de forma estrepitosa al suelo. Las protestas por parte de los compañeros del hombre caído no se hicieron esperar, amén de la retahíla de insultos vociferados desde las gradas por las novias y uno que otro amigo de los jugadores, los cuales conforman un pequeño grupo de seguidores del FC Gallos Negros.



El árbitro hizo sonar su silbato a la vez que se llevaba la mano al bolsillo. De éste sacó la tarjeta preventiva la cual mostró al deshonesto defensa. El colegiado decretó un tiro libre, y mientras colocaba la barrera a la distancia reglamentaria, me sentí impulsado a dejar mi portería y correr hacia la zona de conflicto. Tome el balón con mis manos y lo coloqué en el punto donde se cometió la falta. Ismael, el delantero titular, comprendió mi intención de cobrar el tiro. Aun así, me coloqué detrás como si fuera a ser Ismael el que lo cobraría.



En un instante, todo se hizo calma. Ismael me vio de reojo y casi leyéndome la mente, finto que tiraría directo a gol, pero de forma sorpresiva, toco el balón hacia su izquierda, el cual rodó lentamente y quedó a unos pasos de mí. El silencio sepulcral que reinaba en el recinto me hizo darme cuenta de la importancia de esta jugada. El gran esfuerzo que habían hecho mis compañeros seria un total desperdicio si no lograba mi cometido. De pronto recordé por todo lo que habíamos pasado para llegar hasta ahí.



El equipo de futbol que había fundado con varios de mis queridos amigos de infancia pasaba por una de sus peores crisis en su corta historia. Su antigüedad de un año se veía amenazada con cortarse de tajo. Un par de jugadores titulares habían dejado al equipo en esa misma semana por irse a buscar la vida a otras sierras del mundo, dejando al equipo en desamparo. Se hizo frente al partido de la segunda fecha con lo que se tenía a mano. Como era de esperarse, el equipo fue humillado durante el primer tiempo con un marcador de 7 a 2.



Durante el primer tiempo, mi banda izquierda fue una avenida sin restricciones de ida y vuelta para los contrarios. Iban, venían y gambeteaban a placer. Mis defensas no lograron nunca tomarle la medida a los delanteros rivales. En una desafortunada jugada, Yorsh se comió una finta y dejó que el delantero me rematara a quemarropa. El tiro salió potente al ras del suelo hacia mi costado izquierdo. Intenté detenerlo con un lance, pero solo logré rozar el balón y éste se incrustó en mi arco. En otra jugada vergonzosa, Heber le regalo el ángulo interno al delantero, el cual casi sin ángulo, remató justo afuera del área grande. Rocé el balón con mi guante izquierdo, pero al igual que en la jugada anterior, el esférico fue a dar al fondo de la red.



El equipo se fue al descanso del medio tiempo totalmente derrotado. Yo salí de la cancha tratando de buscar un poco de paz. Al pasar entre las gradas, vi como los seguidores rivales me veían con aire triunfal, y mis propios seguidores con lástima. De regreso en el campo, vi a mis compañeros con la mirada perdida deseando que terminara pronto el encuentro para parar esa masacre. Llamé a mis compañeros y formamos un círculo. – No son mejores que nosotros. No nos están ganando por méritos sino por lo que estamos dejando de hacer nosotros. Hemos pasado por encima de rivales más fuertes. No nos van a ganar. Somos mejores. Vamos a remontar –.



Con nuevos brios comenzamos el segundo tiempo. Se podía ver la ira en nuestros ojos. Al primer minuto de juego, Ismael tomo un rebote casi en media cancha, y remató con fuerza increíble para que el balón pegara en el poste y lo hiciera vibrar fuertemente. El esférico se fue al fondo de la red después de pegar en el poste. El sonido de metal despertó a la tribuna la cual nos alentaba a levantarnos. Ese fue el primero de los goles que conseguimos en el segundo tiempo a base de lucha y coraje, hasta que logramos estar a un solo gol de distancia del rival.



Durante el segundo tiempo, defendí mi portería luchando como gallo de pelea. Detuve todos los disparos que me mandaron excepto uno. Me lancé, me revolví, me hinqué. Ahora, al final del encuentro, era mi turno luchar por el equipo como delantero y no como portero. Debía cobrar ese tiro libre con destreza. Nunca antes en el año de vida del club lo había hecho. Aun más, confieso que soy pésimo en tal empresa. De cualquier manera me sentía obligado a hacerlo, siendo yo el capitán del equipo, tenía que resanar mis fallas cometidas durante el primer tiempo.



El portero rival había colocado 3 hombres en su barrera, los cuales bloqueaban todo su flanco izquierdo. Por ende, intentar rematar hacia ese lado era casi imposible. Al igual lo era intentar librar la barrera por arriba. La única manera de lograrlo seria en dos toques, moviendo el balón hacia el costado derecho del portero, aunque esto implicara rematar hacia donde éste se encontraba y esperar que no lograra reaccionar a tiempo.



En un instante, todo se hizo calma. Ismael me vio de reojo y casi leyéndome la mente, finto que tiraría directo a gol, pero de forma sorpresiva, toco el balón hacia su izquierda, el cual rodó lentamente y quedó a unos pasos de mí. La hinchada guardó silencio de manera sepulcral. Era momento de pegarle al balón con odio y rencor, con toda la fuerza de mis músculos y nervios que estaban sedientos de meta. El esférico me quedo a perfil zurdo. Siendo mi perfil menos hábil, me di cuenta que llevaba las de perder, pero era la única oportunidad. La barrera no logró reaccionar a tiempo y no se movió de su lugar. Golpeé el balón con mi pierna zurda, el cual salió disparado con fuerza portentosa. El portero reaccionó a destiempo, y aunque se lanzó desesperadamente, solo logró rozar con la yema de los dedos el balón, el cual después de besar el travesaño, se incrustó en el ángulo superior derecho del arco para dar lugar al grito de “goool” en el lugar.



Los seguidores Troyanos, los mismos que durante el primer tiempo coreaban “oles” y aplaudían cada jugada de su equipo, no daban crédito a lo que veían sus ojos. Nunca se imaginaron una remontada de tan increíbles proporciones. Su única reacción fue el silencio. La hinchada del glorioso equipo Gallos Negros rompió en júbilo y algarabía, pero yo no logré escuchar ningún sonido. Solo sentía el palpitar de mi corazón, el cual había sido el autor de ese gol, un gol en el aire, un gol blanquirrojo. El partido terminó en empate a ochos, pero paradójicamente, sería en empate con sabor a gloria para unos, y a derrota para otros.



Monday, March 17, 2008

GUIA PRACTICA PARA DETENER SHOOT-OUTS

GUIA PRACTICA PARA DETENER SHOOT-OUTS

Los shoot-outs en el futbol rápido (o indoor soccer) son una de las situaciones más angustiantes no solo para el portero, sino para el equipo entero. Es una jugada en donde el delantero tiene el control total de la situación, siendo él un lobo, y el portero un cordero preparado para ir al matadero. A continuación, doy unos cuantos consejos para revertir esta situación y que el penal cobrado termine de manera satisfactoria (para el portero, claro está):

  1. La mejor arma que tiene un portero es la confianza en si mismo. En cuanto el árbitro marque la pena máxima, por la mente del portero solo debe desfilar la consigna de detener el tiro. La confianza es la clave del éxito.

  1. Hay que definir que tipo de delantero se está enfrentando. Hay dos tipos de delanteros, a saber:

  • El que voltea a ver al portero antes de cobrar.

Este individuo es el delantero más fácil de enfrentar. Voltea a ver al portero ya sea porque esta teniendo un debate interno sobre como cobrar la pena máxima (Ejemplo, y notese el miedo intrinseco: “disparo antes de que el portero salga”, “espero a que salga y levanto un globito para techarlo”, “finto al portero para que se venza y llevármelo por velocidad”); o bien, voltea a ver al portero para tratar de ver en sus ojos que tan confiado está éste. Cualquiera que sea el caso, en cuanto el delantero levante la mirada, el portero debe aprovechar la indecisión e inseguridad del delantero y mirarlo fijamente a los ojos, con confianza, seguridad, soberbia y hasta odio. Al fin y al cabo, el delantero es el enemigo, y no se le debe tener compasión. Es en este momento cuando el delantero se delata a si mismo, y sin palabras deja entrever lo que hará a continuación. Si voltea a ver el ángulo de la portería, va a tirar. Si voltea a ver el campo abierto, esta planeando como usara el espacio para llevarse al portero por velocidad.

  • El que no nunca voltea a ver al portero.

Este delantero es el más peligroso de los dos. El ya ha decidido lo que va a hacer y esta seguro de su decisión. Mientras esta ahí, ya sea volteando la mirada hacia el suelo o el cielo, esta visualizando como anotara el gol. La única forma de detenerlo es adivinando lo que hará el delantero. Hay que tener demasiada buena suerte en esta situación.

  1. Antes de que el arbitro de el silbatazo, y justo en los momentos en que el tonto delantero voltea a ver al portero a los ojos, se deberán extender los brazos tratando de cubrir la mayor área posible de la portería, logrando con esto la técnica de defensa de la mamba negra (ver fig. 1) (http://en.wikipedia.org/wiki/Black_mamba#Behavior). Al instante se vera una gota de sudor rodar por la frente del asustado delantero, síntoma del miedo insufrible que lo agobia.
shoot out

Fig. 1. DO - DON'T

  1. Hay que hacer trampa. Esta prohibido que el portero se adelante antes de que el arbitro pite. Así dicen las reglas, pero como aquí es el llano, las reglas solo sirven para hacernos aire o bien, limpiarnos el mole del bigote. Así pues, un portero inteligente se adelantará un paso adelante de la línea de gol (ver fig. 1). Es muy poco probable que el árbitro se de cuenta de esta situación. Por el mismo tenor, un portero inteligente saldrá corriendo unos instantes antes de que el árbitro pite. Igualmente, es muy poco probable que el árbitro repita el cobro. El crimen perfecto…

  1. Si se siguen los pasos anteriormente descritos, el tonto delantero solo tendrá un pequeño momentito para reaccionar. En un santiamén el portero estará lanzándose sobre el balón como gato sobre ratón. Sigue mis consejos, colega, y llegarás tan lejos como yo, que llevo 4 shoot-outs detenidos en 4 partidos a los equipos llaneros de la liga chola de futbol dominical Astros. He dicho.

UPDATE: Al 18 de Mayo de 2008, he detenido 8 penales de los 9 que se han cobrado en contra del Glorioso y Venerable equipo Gallos Negros, FC. Por tanto, mi metodo es eficaz en un 88%.

Tuesday, June 26, 2007

LA TORTURA

LA TORTURA*
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*Cuento autobiográfico

Al recostarme incliné la cabeza a la derecha como buscando una última oportunidad de escapar. Muy al contrario, solo vislumbré figuras mounstruosas, entes cornudos cual diablos infernales, con rostros cuadrados y desencajados. Algunos tenían aspecto triunfante, malévolo. Los más, denotaban en la faz tristeza y sufrimiento como si purgaran una condena. El que más llamó mi atención fue un mounstruo recostado, con la cabeza inclinada hacia atrás, y de gesto adusto y apesadumbrado. Sus ojos eran saltones y la mirada era fija. Por obvias razones me identifiqué con él.


Hallabáme ensimismado, admirado (o espantado) de ver tales entes cornudos, cuando de pronto entró en la habitación mi verdugo. – Como verás me gusta el arte –, me dijo. Lo noté desde antes, pues al entrar al recinto fui recibido por una escultura de madera que intentaba ser el torso de un hombre manco. Al igual, noté numerosas publicaciones cuyas portadas anunciaban las últimas manifestaciones artísticas de nuestra civilización. – Es mi verdadera vocación –, me aseguró. Eso no era de ninguna manera un buen augurio.


Mi castigador cerró la puerta de un portazo, y supe que había llegado mi hora. Lanzó una potente luz a mi rostro, para luego tomar dos utensilios que al momento me parecieron salidos de las bodegas de la Santa Inquisición. Los introdujo en mi boca y mi cuerpo se tensó al instante, mi mano izquierda tomó a la derecha, y mis ojos se hicieron saltones por la incertidumbre de no saber mi destino. Ahí estaba yo con la boca bien abierta cuando de pronto el verdugo tomó un aplicador de punta enrojecida como hierro ardiente. Primero sentí un cosquilleo, para luego no sentir nada más. El se apresuró a tomar otro instrumento de tortura. Por un momento di otro vistazo a esos seres torturados a mi derecha, y vi sus ojos saltones, firmes, moribundos. No sentí ninguna diferencia entre ellos y yo. Al sentir un pinchazo cerré mis parpados. Poco a poco la punta del instrumento se introducía más y más en mis carnes. Esto se mantuvo durante varios segundos los cuales parecieron horas. A los pocos minutos dejé de tener control sobre la mitad de mi rostro y ya no pude emitir sonido alguno. El instrumento de tortura cambió, pues ahora era un tubo con punta giratoria cuyo sonido hacia estremecer mis mas arraigadas fibras. El castigo no había ni siquiera empezado.


Así comenzó el verdadero sufrimiento. Si antes había tenido la intención de escapar, mi oportunidad se había esfumado. El taladro me golpeó una y otra vez sin misericordia. Me dolía inmensamente y no podía gritar, mientras mi cuerpo permanecía totalmente paralizado por el miedo. Era un martirio incesante el cual mi cuerpo no terminaba de dilucidar. Por un momento sentía un frió que quemaba, luego piquetes, miles de piquetes como si estuviera atrapado en la mitad de una colmena. Después fueron contracciones involuntarias de los músculos adyacentes al área de la tortura.


Después de mucho sufrir, de pronto el castigo cesó. De mi boca salió un lastimero suspiro que había estado contenido por largos minutos. Abrí los ojos y miré a mi verdugo observándome, como admirando su obra. Estaba ahí parado junto a mi sin decir nada. En su rostro se notaba una ansiedad por continuar el tormento. Era como un lobo hambriento, insaciable. – Aun no termino –, dijo. Al ver venir el castigo, de nuevo cerré los ojos con firmeza. El tormento continuó por segundos infinitos. Una, dos, miles de veces me perforó el instrumento con gran fuerza. Al final perdí la cuenta, pues mi cerebro en el afán primitivo por mitigar el dolor, hacía desfilar en mi mente imágenes apacibles y bellas. Con el mismo objetivo, traté de recitar una sarta de disparates que al momento hacían sentido con el fin de olvidar mi suplicio: – ¡No duele, no duele, no duele! –. Casi logré lo que solo los grandes maestros del espíritu logran: desconectar cuerpo y mente. De pronto un agudo dolor me trepanó el alma con fuerza descomunal, haciéndome volver de golpe a mi triste realidad. Nuevamente tomé conciencia de la lamentable situación en la que me encontraba, penosa y ardua agonía de la cual no podía defenderme.


Por gracias al Señor la tortura no continuó por mas tiempo. El sonido desquiciante de las muchas revoluciones por segundo del infernal aparato había cesado. Mi verdugo me dejó por fin en libertad. Con mucha fuerza me incorporé y caminé tambaleante hacia la puerta. Con un poco de agua enjuagué mi boca y escupí una mezcla de sangre con saliva reseca. Con el rostro aun dormido, di un último vistazo a esos seres cuyo destino había estado ligado al mío.


– ¿No te dolió, verdad? –, me preguntó mi captor al salir del recinto. Yo solo musité que no.

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Sunday, May 20, 2007

10 Cosas que Todo Mundo Debería Saber de Mi (Y De Mis Amigos)*


  1. Odio los días nublados y con lluvia. Me deprimen. Al igual odio a la gente que le gustan los días nublados y con lluvia.
  2. Soy rencoroso, muy rencoroso, y no lo puedo evitar, me viene en la sangre por herencia.
  3. Soy demasiado ordenado. Ordeno todo, por colores, tamaños, tipos, usos y aplicaciones.
  4. Soy inseguro y odio esa parte de mí. Pienso mucho las cosas antes de realizarlas.
  5. Soy demasiado enojón.
  6. Amo leer y escribir. Tengo un diario que recoge mi vida desde los 15 años, además de éste humilde blog con mis intentos de cuentos. “La pluma es la lengua del alma” (Cervantes).
  7. Me gusta el fútbol a un grado obsesivo (ver blog entry: LA PASION). Novias, amigas, amigos y familiares: comprendan que si hay juego, no hay tiempo para nada mas, ni para hablar por teléfono, ni para ir al cine, salir a comer o platicar.
  8. Amo a los gatos. Odio a los perros. Un gato es un ser independiente que trata de complementar su existir con el de uno. Si no le das de comer, come ratones y palomas. Un perro es un ser fiel, si, pero dependiente que no puede vivir sin su amo. No necesito que dependan de mí en la vida. Necesito que me acompañen en la vida.
  9. Soy hombre de familia, pero no de eventos familiares. Es decir, disfruto ir a comer con mi abuela, platicar con mi madre, jugar fútbol con mis sobrinos. Solía hablar por horas enteras con mi otra abuela (q.e.p.d). Sin embargo, odio los eventos familiares, los aborrezco. Aborrezco a los hermanos peleando por ver quien tiene los hijos más sobresalientes, presumiendo quien se ha comprado carro del año o echándose en cara los defectos. Es ahí en donde la familia se convierte en una miseria en cooperativa.
  10. Siento una gran devoción por los amigos. Aunque no me gusta hacer amigos nuevos, me gusta conservar los que ya tengo. La mayoría de ellos han estado conmigo por muchos años. Después de 18 años aun me junto con un amigo del kinder. Al igual, aun me junto con mi mejor amigo de la primaria. También, regularmente paso el tiempo con el mismo grupo de amigos que he tenido desde hace 12 años. Ellos me complementan. Mis amigos lo seguirán siendo hasta el día en que me muera.

*Este post es en respuesta a un blog roll.


David Najera:


6. Odio los días soleados, con viento y polvo. Si escogiera un lugar para vivir, seria algún país europeo donde siempre este gris
:)


http://estacionlunar.wordpress.com/2007/05/19/diez-cosas-o-algo-asi-que-hay-que-saber-de-mi/


Isaac Nava:

1.-mi vida es un caos, nunca tengo orden en nada.

7.-no soy rencoroso.

http://nonameuto.blogspot.com/2006/12/diez-cosas-que-todo-mundo-deberia.html

Thursday, April 12, 2007

SOL DE TARDE




“Yo voy soñando caminos de la tarde
las colinas doradas, los verdes pinos
las polvorientas encinas....
¿Adónde el camino irá?
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
La tarde cayendo está...
La tarde cayendo está...”
 
Antonio Machado, "Yo Voy Soñando Caminos"


*Cuento autobiográfico



Habían dado las seis en punto de aquel atardecer de marzo. Con un libro de pasta amarilla como de pergamino en las manos, recitaba una letanía una y otra vez hasta que se quedaba impresa en mi mente. Desde Tenoch hasta Cuauhtémoc, uno por uno salían de mi boca como en procesión, desde el más antiguo hasta el más reciente, todos los tlatoanis aztecas. Sostenía el libro frente a mi tratando de leer, pero las palabras me eran ininteligibles. Sentía un extraño llamado, como una premonición que me impedía concentrarme. Volteaba a mi alrededor ansioso sin saber realmente lo que me sobresaltaba. Fastidiado, aventé el libro sobre el escritorio y miré a mi derecha por la ventana. El sol se empezaba a poner y al ver la escena respiré hondo tratando de calmarme. De pronto volvió a mi esa ansiedad loca y me levanté de la silla como impulsado por un resorte. Como un autómata, dirigí mis pasos hacia la puerta y la abrí de par en par. Al dar un paso fuera de la casa, mis ojos se posaron en un punto, pero sin poder identificarlo a plenitud. Aunque al principio no logré distinguirlo, poco a poco fui hallando el contorno de esa masa amorfa. Estaba ahí parado, debajo del carro de mi madre, pequeño, acechando los alrededores encubierto por las insipientes sombras del atardecer. También pude luego distinguir un pequeño fulgor, que como saeta circular se me clavaba en el cuerpo.


Había llegado sin ninguna antelación, callado y sigiloso, pero de ninguna manera tímido. Estaba fijo, sin moverse, agazapado. Pasados algunos segundos, de nuevo me veía sorprendido por un centelleante brillo, uno solo, que parpadeaba, pero no se extinguía. Me miraba con un único ojo y no lo apartaba de mí. Me acerqué viéndolo firmemente, sin embargo, el mantenía esa postura inquebrantable. Avanzando unos pasos más, pude notar también su figura maltrecha y fea, y sus pelos tan desornados que parecía un espantajo. Noté luego su lomo, flaco y sucio, y después sus patas llenas de tierra y chorreando sangre. De pronto, dio un paso al frente, y yo hice lo propio. Al hacer esto, un resplandor de luz le iluminó el rostro golpeado y arañado. En una cuenca ocular se observaba un rastro de sangre seca, convertida ya en costra. El rastro de sangre iba, como dije, desde la cuenca del ojo, y se extendía hasta la comisura de los labios. Volví mi mirada nuevamente al ojo, el cual ejercía una poderosa atracción en mi. Regresé dentro de la casa corriendo para tomar unas rodajas de jamón para el pobre infeliz. Al salir ahí estaba aún, como si me esperase, quieto, observando cada uno de mis movimientos. Me acerqué y puse las rodajas a unos pasos suyos y, hecho esto, dio un primer paso temeroso, pero mucha debía ser su hambre, pues acto seguido se desbocó sobre el alimento.


Por un tiempo no lo volví a ver por mi casa, pero pasados algunos días retornó. En ese segundo encuentro no fue una sola, sino dos centellas las que me clavaban firmemente la mirada. Noté que la sangre en el rostro aun estaba ahí, pero la herida del ojo había cerrado. Así me di cuenta de mi error, pues no era tuerto como creí en un principio. Me vio a los ojos con firmeza y sin interrupción, tal vez a manera de saludo. Esa tarde la pasó recostado en la banqueta y me di cuenta que había llegado para quedarse.


Con el paso del tiempo, poco a poco se fue generando más confianza entre nosotros. Ciertas veces acariciaba su lomo, aunque esto no le agradaba mucho. Mas bien, prefería quedarse sentado al lado mió, sobre la banqueta, viendo al horizonte con la mirada fija, como perdida. Dormía afuera, debajo de los autos, o en mi ventana. Pocas veces iba dentro de la casa, y cuando lo hacía se mostraba incomodo y nervioso. Pareciera sentirse atrapado, así que nunca lo forcé a entrar. Cada día, al llegar de la escuela me salía al paso. En algunas ocasiones notaba su ausencia. Se alejaba por días, a veces semanas, sin saber yo a donde. Después, cuando menos lo esperaba, aparecía de la nada, sucio, hambriento, golpeado y escurriendo sangre. Llegaba y me miraba, como siempre a los ojos, como si nada pasara, y yo lo recibía con gusto, con una palmada sobre la cabeza y mirándolo firmemente. Iba y venia a placer y yo me sentía incapaz de regañarle. Si estaba mal o bien su proceder, al fin y al cabo era la viva imagen de la libertad, algo universalmente irreprochable.


Las tardes eran por lo regular placenteras. Cada vez que yo llegaba a la casa de la escuela, me sentaba frente a mi escritorio y ahí permanecía horas enteras. El hacia lo mismo, pero por fuera de la casa, en la ventana que me quedaba a un lado, como si me hiciera compañía. Le gustaba recostarse y clavar la mirada cansada en un punto en el infinito. De vez en cuando dejaba los libros y golpeaba con un dedo la ventana para hacerle saber que estaba aún ahí. El solo giraba la cabeza y me veía a los ojos. Luego los cerraba y los volvía a abrir para enfrascarse de nuevo en Dios sabrá que pensamientos. Así pasaron muchas tardes de muchos años en las que siempre se repitió la misma escena. Tan acostumbrado estaba yo a él como él a mí. Su figura formaba ya parte del paisaje y yo no concebía la vida sin el.


Al cumplir la mayoría de edad y llegado el momento de cursar estudios universitarios, tuve que mudarme de casa por necesidad. Obviamente, ambos resentimos el cambio, el alejamiento. Yo volvía los fines de semana al hogar. Me bastaba un silbido para que el supiera que había llegado, y como bólido salía de la nada. Se acercaba a mi, como lo hacía antes, y me miraba a los ojos. Me recibía contento, como si nada pasara, como si no estuviéramos alejados uno del otro, pues el era, antes que nada, un amante de la libertad.


Con el pasar de los años su andar se hizo más lento, y sus ausencias del hogar eran cada vez menos. Su pelo ya carecía de brillo y parecía encanecer. Cada vez que yo volvía, nos sentábamos en la banqueta, al atardecer, como si ambos presintiéramos lo que estaba por venir. Fue un día jueves, un funesto 26 de marzo cuando lo supe. Estacioné mi carro y él no apareció por ningún lado. Trepidante entré al hogar y al preguntarle a mi madre, esta me dio la noticia: se quedó dormido y ya no despertó. Aunque ya lo sospechaba, me negaba a creerlo. Gruesas lágrimas empezaron a brotar de mis ojos sin que pudiera hacer nada para evitarlo. Salí de mi casa sin saber a donde. Casi me tropecé al tratar de abrir la puerta de golpe. Caminé por la cuadra como un loco tratando de encontrarlo, pero sabía que no lo haría. Lo llamé, murmurando, chiflando bajito, pero esta vez no hubo respuesta. Ahí estaban aun, pero ya desolados, el rincón donde dormía, los rasguños en el tronco del árbol, la ventana donde se recostó tantas veces. Cada una de estas imágenes hacían que mi corazón latiera a un ritmo vertiginoso, mientras mi rostro se inundaba aún más de lágrimas. Más calmado, volví dentro de la casa y me senté en mi silla, frente a mi escritorio al lado de la ventana. Fue entonces cuando recordé haber estado sentado ahí mismo, seis años atrás, el día en que llegó. En ese momento empezaba a colarse por mi ventana la luz del atardecer. Al voltear a ver el reloj, este marcaba las seis en punto.


Total que mas me da, si al fin y al cabo, no era más que un gato...







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Tuesday, March 13, 2007

PENSAR O ESCRIBIR



"La gente habla de pensamiento pero yo, por mi parte, nunca pienso excepto cuando me siento a escribir".


POE

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Sunday, March 11, 2007

LA TORRE




“¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por que afirman ustedes que estoy loco?”
El Corazón Delator.
Edgar Allan Poe.



*Cuento autobiográfico


Todos me creyeron loco cuando conté mi historia. Para mi sorpresa, ni siquiera mi propia madre creyó en mis palabras. – Es tu imaginación hijito –, me dijo con incredulidad, – en esos edificios viejos rechinan las paredes y las tuberías hacen ruido –. Madre al fin, dijo todo esto en un tono de voz que no oía yo desde que era chico, y ocurrióseme que tal vez lo hizo con la intención de estabilizar mi muy dañada salud mental. Sin embargo de poco sirvió, porque el siguiente par de meses representaron para mí una constante zozobra y pena. Constato y doy fe que lo que relataré es totalmente cierto.



Trabajaba a la sazón en el edificio llamado Texas Tower, justo en el centro de El Paso, localizado a una cuadra de la plaza San Jacinto, popularmente llamada de los lagartos. Las primeras piedras del edificio se edificaron en la década de los 30’s en el siglo pasado. Edificio glorioso en el pasado de Texas, en sus buenos tiempos fue el más alto en todo el suroeste de Estados Unidos. Aunque sigue aun en pie, sus muros reflejan el paso del tiempo. El que fuera en sus inicios el hogar de uno de los bancos más importantes, alberga ahora el espacio de pequeñas oficinas y comercios.



Me desempeñaba yo como trabajador de medio tiempo en la oficina de los servicios educativos de LULAC (League of United Latin American Citizens), en el cuarto piso del edificio. Realizaba yo desde reparaciones y mantenimiento a las computadoras, hasta funciones de archivero, mensajero, recepcionista, carpintero, cobrador, cartero, y demás linduras que se les ocurrieran a mis jefes. Dado que mis clases eran por la mañana, llegaba yo después de la hora de la comida, a eso de las dos de la tarde, y permanecía ahí hasta entradas las seis. Mis dos supervisoras inmediatas, al igual que la secretaria, esperaban con ansias las cuatro de la tarde, hora en que el director terminaba sus faenas, para todas ellas irse sin ningún empacho a sus casas, robándole así una hora a la jornada laboral. Es así entonces que permanecía en soledad por un par de horas, a veces más, a veces menos, y trataba de aligerar el silencio haciendo sonar algún disco en la computadora, o prendiendo la televisión en algún canal cualquiera. De vez en cuando recibía la visita de Jaime, el conserje del edificio, que pasaba a recoger la basura acumulada durante el día. Había solo otra oficina en funciones en el piso cuatro, la cual era ocupada por un abogado quien, por alguna extraña razón, casi nunca hacia acto de presencia.



Cierto día en el que estaba ya completamente solo, me atareaba en hacer copias de algún documento, cuando de repente escuché con claridad unas fuertes pisadas, como si alguien corriera en el pasillo. Detuve mi labor para escuchar mejor, pero al instante el ruido calló. Continué haciendo copias, pero pasados algunos segundos, oí claramente como si alguien hubiera entrado a la oficina. Al sentir la vibración de los pasos, me apresuré a salir del cuarto de copiado, mas no encontré a nadie, solo alcancé a ver fugazmente una sombra negra que atravesaba la puerta de lado a lado. Por un instante me paralicé, pero haciendo acopio de valor me dirigí a la puerta de entrada de la oficina, y grande fue mi sorpresa al darme cuenta que no había una sola persona ahí mas que yo. Cabe destacar que mi oficina era la última del pasillo, y si alguien hubiera entrado y salido de esta, le hubiera tomado algún tiempo llegar hasta el final del pasillo y perderse de mi visibilidad. Salí de la oficina, casi temblando, esperando encontrar a mi vecino el abogado en su oficina, pero mi horror aumento al darme cuenta que ese día, como de costumbre, no se había presentado a trabajar.



Pasaron algunos días en los que intenté en vano olvidar lo sucedido. Sentía dentro de mí una pesadez enorme. Temía la hora del día en que me presentaría a trabajar, pero más temía el momento en el que me quedaría solo en la oficina. Al irse todas las personas, abría puertas y ventanas de par en par para aprovechar los últimos rayos del sol. También subía el volumen de las bocinas de la computadora al máximo para evitar oír cualquier clase de sonidos ajenos.



Algunas semanas pasaron después del incidente sin que se volviera a presentar ninguna situación de sobresalto, pero cierto día me aconteció otro extraño suceso. Aquella vez me había presentado a trabajar muy de mañana y aún estaban presentes las otras cuatro personas que laboraban en la oficina. Tal vez por esta razón me sentí mas confiado que de costumbre, pero pronto me daría cuenta de lo equivocado que estaba. Me dirigí al baño, del cual solo los empleados del piso cuatro teníamos llave. Inexplicablemente en aquella ocasión mi llave se negaba a abrir el cerrojo, aun cuando era la llave que venia yo usando desde hacía tiempo. Era como si alguien me impidiera girar la chapa desde el otro lado de la puerta. Se me ocurrió que tal vez la llave necesitaba ser pulida un poco para poder usarla con más facilidad. Cuando por fin logre abrir la puerta, empecé a friccionar la llave contra la madera a fin de pulirla. Hube hecho esto por algunos segundos lo cual provocaba cierto ruido un tanto molesto, pero solo me detuve al escuchar que de uno de los cubículos de los sanitarios salía un sonido gutural, como un quejido, el cual me dio la impresión que hacía un gesto de desaprobación ante el escándalo que yo estaba provocando. Creí que alguna persona estaría dentro del cubículo, y al entrar yo generando toda clase de ruidos, había perturbado su tranquilidad. Me apené bastante y detuve mis acciones. Me acerqué al urinario e hice lo que tenia que hacer. Al acercarme al lavabo para lavarme las manos, disimuladamente voltee de reojo para tratar de darme cuenta quien estaba en el sanitario. Grande fue mi sorpresa al percatarme que no había nadie, ¡absolutamente nadie! Traté de mantener la calma y seguí lavando mis manos, cuando de repente escuche claramente un suspiro, el clásico suspiro de amor. Lo escuché fuerte y claro, como si alguien lo hubiera emitido justo en mi oreja. Volteé para todos lados buscando al emisor de tal sonido, pero al verme solo corrí rápidamente aún con las manos mojadas y enjabonadas. Regrese a la oficina pálido y con la boca seca, pero no lo comenté con nadie.



Los días posteriores fueron un martirio, pues a duras penas me presentaba a trabajar Cuando finalmente recobre un poco la calma, comenté lo sucedido con mi jefe, el cual me instruyó para que no dijera nada ni a la secretaria ni a mis supervisoras a fin de no contagiarles mi miedo, y así lo hice.



Unos días después, cuando Jaime, el conserje, se presentó para limpiar la oficina, le pregunté sin decirle nada de lo que me había ocurrido, si él había experimentado alguna situación fantasmagórica en el edificio. Por un instante se me quedó viendo a los ojos, sin decir nada, tal vez tratando de encontrar la mejor respuesta posible. Dijo que el nunca había vivido ninguna situación fuera de lo normal, y que si algo así le pasase, no volvería a poner pie ahí. En sus palabras noté algún titubeo, como si me estuviera mintiendo. También, el largo tiempo que se tomó para contestar me hizo dudar de sus palabras. Aun así, le comenté lo que había vivido, y esto le dio cierta confianza para aceptar que de vez en cuando escuchaba ruidos en pisos del edificio los cuales estaban completamente desocupados, pero por su propio bien, trataba de ignorarlos. Luego me contó lo que le había pasado no a el, sino a otra señora que también se desempeñaba como conserje. El edificio tenía un sótano el cual estaba habilitado como una bodega. Los conserjes bajaban ahí para abastecerse de todo tipo de enseres de limpieza. Cierta vez que la conserje había bajado ahí, ésta sintió que alguien había tirado de su cola de caballo con fuerza tal que la hizo desbalancearse. Mayúsculo fue su espanto al voltear y no ver a nadie, y al instante emprendió la rampante huida hacia la salida. – Me aseguró que sentía claramente a alguien corriendo detrás suyo – concluyó Jaime.



Laboré en ese edificio por algún tiempo más, el cual se me hizo eterno. Tres semanas antes de fin de año, mi jefe me anunció que mi contrato terminaría y por razones de presupuesto no era posible mantenerme empleado. Fingí estar compungido, pero en el fondo respiré aliviado pues no volvería a pisar ese lugar nunca más. En mi último día de labores, me despedí de todos y caminé firme y decidido por ese largo pasillo. Bajé las escaleras sin miedo y no volteé a ver atrás.



“¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.”
El Corazón Delator.






















Saturday, March 03, 2007

LA PASION

El futbol no es para mi! Pareciera yo estar negado a participar en cualquier conversacion que lo involucre. Si para el comun de las personas es facil opinar y conjeturar en conversaciones cuyo topico es la jornada de futbol de fin de semana, para mi cada lunes comienza un viacrusis y se presenta ante mi un misterio irresoluble, un profundo hoyo negro del cual no puedo ni siquiera asomar la nariz, pues al abrir la boca para opinar, solo obtengo gestos, miradas de desaprobacion y hasta burlas por parecerles mis enunciados cosas descabelladas proferidas por un loco que no se da cuenta de la realidad.

Siempre es la misma funcion. Solo hace falta que alguien pregunte como quedo el marcador para tal o cual partido para que comience un debate sin fin en el que los participantes aseguran cada uno ser partidarios del mejor equipo, no solo de Mexico, sino del mundo entero. No puedo menos que sentir envidia ante tal conviccion y firmeza. No comprendo como es posible que todo mundo vea como algo evidente cosas que para mi estan vedadas.

Para mis congeneres, el resultado de un encuentro es tan obvio que no hay necesidad de analizar nada, ni de filosofar ni especular. El triunfador sin duda alguna sera el equipo de sus amores, o en su defecto, el equipo de moda. Muy al contrario, ante mis ojos, el futbol no es mas que una formula matematica la cual se resuelve al establecer todas sus variables y aplicarlas para obtener un resultado. No puedo verlo de otra manera, mi mente es objetiva y racional. Es asi que me basta con formularme unas cuantas preguntas para con alto grado de certeza poder pronosticar el resultado de un encuentro.

Mi metodo es simple. Pongamos un ejemplo para cada situacion: me pregunto si el equipo es visita o local, cual es su record actual, que lugar ocupa en defensiva y en ofensiva y que jugadores estan lesionados; sobre el portero, me pregunto si es seguro con las manos, si sabe jugar con el pie, si tiene buenos reflejos, si sale bien por aire, si es lider de su defensa, si acomoda bien sus barreras, si sale al despeje o en corto y si es habil en el mano a mano; para la linea defensiva, me pregunto si jugara con linea de 3, 4 o 5, si se jugara con laterales que tengan mas tendencia a defender o a atacar, si los centrales van bien por aire, si salen jugando o al balonazo, si se suman al ataque, si cometen faltas tacticas; para el eje medio, si jugara con 1 contencion o con 2, si los contenciones reparten el juego o se limitan a robar balones, si se jugara con volantes que vayan bien por la bandas o que les guste meterse al area y jugar por el centro, y si se jugara con un 10 que reparta balones; para los delanteros, si seran 1, 2 o 3, si rematan bien con el pie o con la cabeza, si ayudan en la recuperacion, si se abren por la banda, si gambetean o si retienen el balon. A todo esto hay que agregarle el peso que tiene la aficion del estadio, y el perfil psicologico del entrenador y el cuerpo tecnico. Si todo esto lo sumanos, restamos, multiplicamos y dividimos, se obtiene que el ganador sera X o Y.

Mi metodo no debe ser tan malo, ya que en el presente torneo mexicano, pomposamente llamado de Clausura 2007, he promediado 6 aciertos de 9 en cada jornada. Si le sumamos a esto que mi posicion en la tabla general de futbol virtual del grupo reforma (gruporeforma.reforma.com/futbolvirtual) es 977 de 33,578, da como resultado que mis conocimientos de futbol sobrepasan los del 97.1% de los mexicanos.Al no encajar bajo los estandares del aficionado comun, me siento atrapado en una paradoja, en una posicion privilegiada pero tal vez enganosa. Podria parecer que veo al futbol de forma fria y calculadora sin involucrar siquiera una gota de emocion, mas no se confunda el lector con mis palabras pues no hay cosa mas alejada de la realidad. Los dias previos a un partido son para mi como para un nino son las semanas previas a la navidad y cada variable resuelta de las antes mencionadas son como una pieza de rompecabezas que al encajar en el lugar correcto me producen una euforia indescriptible y una sensacion de logro. El juego es para mi como para cualquiera, un arcoiris de emociones y sentimientos. Soy como cualquier hincha que cada domingo deja en el soccer su pecho a tajos al ver rodar a la loca de doce gajos.

Entonces, quien disfruta mas del futbol, aquel que en su ignorancia lo observa como si se tratase de una ruleta rusa pero que con todo fervor espera el triunfo de su equipo, o aquel que ha pasado horas analizando cientos de factores para llegar a un pronostico. Aun busco una respuesta, y me parece que la busco en vano, pues simplemente es imposible poder medir el gozo que produce el deporte mas bello del orbe. Independientemente del cristal con que se mire, en un desborde cualquiera el alma de todos comienza a vibrar.